La historia de la iglesia de San Ignacio de Loyola de Logroño

Historia

La historia de la iglesia de San Ignacio de Loyola en Logroño está estrechamente ligada a la evolución de la Compañía de Jesús en la ciudad tras su regreso a finales del siglo XIX cuando inicialmente se hicieron cargo de la iglesia de San Bartolomé y debido al crecimiento de su labor educativa y comunitaria durante el siglo XX la falta de espacio en su antigua ubicación llevó a los jesuitas a adquirir unos nuevos terrenos en la zona de la calle Huesca para levantar un nuevo complejo que unificara sus servicios y finalmente el templo actual nació oficialmente el primero de abril de mil novecientos setenta y nueve gracias a una reestructuración de las parroquias de la capital riojana decretada por el obispo Francisco Álvarez Martínez para dar respuesta al fuerte crecimiento demográfico de la zona sur de Logroño siendo el edificio diseñado y construido bajo la dirección del arquitecto y sacerdote diocesano Gerardo Cuadra y abriendo sus puertas ese mismo año para convertirse en un importante centro espiritual y social cuyo diseño interior plasma la identidad de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio y sirve además como punto destacado de sellado para los peregrinos del Camino Ignaciano

Retablo Mayor

Al tratarse de un templo de arquitectura contemporánea (construido en 1979 y finalizado el complejo en 1981), su presbiterio rompe por completo con el concepto del retablo barroco o clásico de madera dorada.

  • Minimalismo y vanguardia: El diseño del presbiterio —ideado por el arquitecto y sacerdote Gerardo Cuadra— apuesta por líneas sencillas, materiales industriales y una total ausencia de ornamentación recargada, buscando la sobriedad propia de la renovación litúrgica del Concilio Vaticano II.

  • El hormigón y el juego de volúmenes: El fondo del altar no cuenta con una estructura de madera armada, sino que se compone de un juego de paños y módulos de hormigón visto combinados con texturas rugosas que crean diferentes profundidades, anclajes y relieves verticales.

  • El protagonismo de la luz: En lugar de relyes dorados para deslumbrar al fiel, el «retablo» utiliza un lucernario vanguardista superior en el techo. Este prisma de hormigón capta la luz natural y la proyecta de forma directa y cenital sobre el presbiterio, convirtiendo la claridad del día en el elemento decorativo principal.

  • Mobiliario litúrgico integrado: Elementos esenciales como la sede (el asiento del sacerdote) y el ambón (el atril de las lecturas) están labrados directamente en hormigón con relieves lineales, unificándose visualmente con las texturas de la pared del fondo.

  • Espacio descentralizado: La cabecera se divide en tres naves funcionales; la nave central acoge el altar principal despojado de grandes pantallas visuales, mientras que la nave derecha funciona como un presbiterio secundario reservado para el sagrario, buscando un espacio de oración más recogido.

Pinturas, esculturas y más

LIBROS CONSULTABLES EN EL ARCHIVO DIOCESANO DE LOGROÑO

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